EL DERECHO Y LAS NUEVAS TECNOLOGIAS

Hacia una política robusta

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En los últimos años, la inteligencia artificial (IA) ha adquirido un enorme protagonismo, transformando la manera en que trabajamos y estudiamos en casi todos los ámbitos. El campo del derecho no ha sido la excepción, de hecho, el uso de estas herramientas ha tomado muchísima fuerza entre los abogados y estudiantes para agilizar la redacción de textos jurídicos, buscar información o estructurar ideas. Sin embargo, aunque la tecnología es maravillosa y promete muchas facilidades en el día a día, su rápida adopción en el mundo legal ha traído consigo nuevos desafíos que nos obligan a ser más cuidadosos con lo que presentamos.

Un ejemplo claro de los riesgos de usar mal la tecnología ocurrió recientemente en nuestro país, cuando la Corte Suprema de Justicia impuso una multa de casi 26 millones de pesos a un abogado. La decisión adoptada por esta Alta Corte, ocurrió debido a que, se utilizó la IA (inteligencia artificial) para redactar un recurso extraordinario de revisión, en el cual se citaron diez sentencias que no existen en el mundo jurídico. Ante esta situación, ¿qué dijo la Corte? Mediante auto AC739-2026, aclaró que el problema no fue usar la tecnología, sino la irresponsabilidad de presentar un documento sin leerlo ni verificar los datos. La jurisprudencia reciente ha establecido una regla básica, los programas de IA son solo asistentes, pero es el profesional quien decide, estructura y asume las consecuencias.

Todo esto nos lleva a una reflexión importante, la inteligencia artificial sí es una herramienta sumamente útil y valiosa, pero exige de los profesionales un nivel máximo de cuidado. Estos programas suelen tener confusiones, lo que significa que pueden citar información inexistente, con tal de darnos una respuesta que suene convincente. Por eso, la tecnología debe ser vista como un apoyo, el cual requiere de nuestra revisión exhaustiva y nuestra comprobación antes de ser utilizado en el mundo real.

El verdadero desafío que enfrentamos no es evitar la inteligencia artificial, sino aprender a usarla sin perder nuestra ética profesional. Es indiscutible que estas herramientas llegaron para quedarse y modernizar el derecho, pero nunca podrán reemplazar el sentido común, la lectura crítica y el criterio de un buen abogado. La gran lección de todo esto es que la verificación es sumamente importante. Podemos usar la IA para que nos asista en nuestros escritos jurídicos, pero no debemos olvidar que, al final de cada documento, no va el nombre de un software, sino nuestra firma, nuestra credibilidad y nuestro prestigio, y eso es algo que ninguna máquina nos puede garantizar.   

Imagen Opinion

Dayana Carolina Erazo Bolaños

Columnista invitada

Nuestra columnista invitada es una destacada abogada y líder social comprometida con la defensa de los derechos humanos y la participación activa de la juventud en la transformación social.

Con una sólida formación jurídica y una trayectoria marcada por su trabajo en comunidades, ha liderado iniciativas enfocadas en el empoderamiento juvenil, la promoción de la justicia social y el acceso equitativo a oportunidades para las nuevas generaciones.

Su liderazgo ha sido clave en la creación de espacios de diálogo y formación para jóvenes, orientándolos hacia la construcción de un futuro más justo e incluyente.