HAY HERIDAS QUE NO APARECEN EN LOS MAPAS

HAY HERIDAS QUE NO APARECEN EN LOS MAPAS

Las cicatrices de la tierra y las cinco lecciones que Colombia no debería ignorar antes de abrirle la puerta al fracking

No tienen fronteras ni coordenadas exactas. Se esconden en el agua que una familia deja de beber por miedo, en la grieta que aparece de repente en una pared, en el silencio de un arroyo donde antes nadaban los peces o en la incertidumbre de una comunidad que ya no sabe si la tierra que la vio nacer podrá sostener a sus hijos en el futuro.

Durante años, el fracking ha sido presentado como una promesa de progreso, riqueza y seguridad energética. Pero en distintos rincones del mundo, esa promesa también ha estado acompañada por preguntas difíciles, conflictos ambientales y comunidades que aseguran haber pagado un precio demasiado alto.

Hoy, mientras en Colombia persiste el debate sobre el futuro energético del país y algunos sectores plantean la posibilidad de reabrir la discusión sobre esta técnica, resulta necesario mirar más allá de los discursos y observar las experiencias de quienes ya convivieron con ella. Porque antes de perforar la tierra, conviene escuchar las historias que quedaron sobre su superficie. 

Las siguientes son las cinco más emblemáticas:

1. Dimock, Pennsylvania (Estados Unidos, 2009): “Cuando el agua dejó de inspirar confianza”

En Dimock, una pequeña comunidad rural del noreste de Pennsylvania, el agua formaba parte de la rutina diaria de cientos de familias. Sin embargo, en 2009, esa normalidad comenzó a desaparecer. Residentes denunciaron que sus fuentes de agua habían cambiado. Algunos describieron agua turbia, otros reportaron la presencia de gas metano y varios aseguraron que ya no confiaban en aquello que durante generaciones había salido de sus pozos.

Imagen Opinion Jhan Carlo

Jhan Carlo Álvarez Villarreal

Columnista invitado

Nuestro columnista invitado es Abogado y magíster en Derecho, con profundo interés en la justicia social y la protección del medio ambiente.

 

Su trabajo combina el análisis jurídico con una visión crítica sobre el papel del derecho en la construcción de sociedades más sostenibles y equitativas.

Con el paso de los años, Dimock dejó de ser solamente un pueblo agrícola para convertirse en uno de los símbolos más conocidos del debate sobre el fracking en Estados Unidos. Lo que comenzó como una disputa local terminó atrayendo la atención de científicos, periodistas, autoridades y organizaciones ambientales de todo el mundo. Pero detrás de los informes técnicos y las investigaciones existían personas reales. Familias que ya no sabían si podían beber el agua de sus hogares con tranquilidad. Vecinos que afirmaban sentirse abandonados después de años de reclamos. Comunidades enteras que comenzaron a preguntarse si el desarrollo energético justificaba los riesgos que estaban experimentando.

Quince años después, Dimock sigue siendo recordado no solo por la controversia ambiental que generó, sino por una pregunta que aún resuena en muchos lugares donde se debate el fracking: ¿qué sucede cuando una comunidad pierde la confianza en el recurso más esencial para la vida? Fuente: Milman, O. (2024, 21 de octubre). ‘I’m not voting for either’: Fracking’s return stirs fury in Pennsylvania town whose water turned toxic. The Guardian. 

2. Pavillion, Wyoming (Estados Unidos, 2011): “El agua que sembró dudas bajo la superficie”

Pavillion no es una ciudad famosa. Es una pequeña comunidad del estado de Wyoming donde durante años la vida transcurrió entre extensas llanuras, actividades agrícolas y la explotación de recursos energéticos. Sin embargo, a comienzos de la década de 2010, su nombre comenzó a aparecer en titulares nacionales por una razón inquietante: la calidad del agua que consumían sus habitantes.

Algunos residentes empezaron a denunciar olores extraños, cambios en el sabor del agua y posibles problemas de contaminación en los pozos que abastecían a sus hogares. Lo que parecía una preocupación local llamó la atención de científicos y autoridades, dando origen a una de las investigaciones más importantes sobre los posibles impactos del fracking y de la extracción de hidrocarburos en aguas subterráneas.

Según una investigación divulgada por la Universidad de Stanford en 2016, un equipo de científicos encontró evidencia que vinculaba la contaminación detectada en aguas subterráneas con actividades de extracción de petróleo y gas realizadas en la zona. Los investigadores señalaron que los compuestos hallados presentaban características consistentes con fluidos utilizados o generados durante estas operaciones.

El caso de Pavillion adquirió relevancia internacional porque fue uno de los primeros lugares donde estudios científicos encontraron indicios de una posible conexión entre la actividad energética y la calidad del agua subterránea. Aunque el debate continuó durante años y diferentes actores sostuvieron posiciones distintas sobre las conclusiones, la comunidad quedó atrapada en medio de una controversia que trascendió sus fronteras. Para muchas familias, la preocupación iba más allá de los informes técnicos y las discusiones científicas. La verdadera inquietud era mucho más sencilla: no saber con certeza si el agua que llegaba a sus hogares era segura. Esa incertidumbre, difícil de medir en cifras o estadísticas, terminó convirtiéndose en una de las consecuencias más profundas del caso. Fuente:  Jackson, R. B., Vengosh, A., & Carey, J. W. (2016, 29 de marzo). Research links fracking with groundwater contamination. Stanford Report. 

3. Oklahoma (Estados Unidos, 2014): “Cuando la tierra comenzó a responder”

En Oklahoma, un estado acostumbrado a climas extremos, pero no a la actividad sísmica, los terremotos comenzaron a aumentar de forma inusual a partir de 2009. Para 2014, se registraban cientos de sismos al año, generando preocupación en comunidades que veían daños en viviendas e infraestructura.

Investigaciones científicas, incluidas las difundidas por la Universidad de Stanford, relacionaron este fenómeno con la inyección de aguas residuales provenientes de la industria petrolera y gasífera en pozos profundos. La presión de estos fluidos habría reactivado fallas geológicas antiguas. El caso transformó el debate sobre el fracking, ampliando la preocupación más allá del agua y llevando la atención hacia los posibles efectos de estas actividades en la estabilidad del subsuelo.

Más que una historia sobre terremotos, Oklahoma se convirtió en una advertencia sobre los efectos que pueden surgir cuando la búsqueda de energía avanza más rápido que la comprensión de sus consecuencias. Fuente: Stanford University. (2015, 18 de junio). Wastewater disposal, not fracking, linked to Oklahoma earthquakes. Stanford Report.

4. Lancashire, Inglaterra (Reino Unido, 2019): “El pueblo que hizo retroceder al fracking”

En 2019, la región de Lancashire se convirtió en el epicentro del debate británico sobre el fracking. Las operaciones de la empresa Cuadrilla en Preston New Road estuvieron acompañadas por una serie de movimientos sísmicos que despertaron preocupación entre los habitantes de la zona. El episodio más significativo ocurrió en agosto de ese año, cuando se registró un terremoto de magnitud 2,9, el más fuerte asociado a actividades de fracking en el Reino Unido.

La repetición de los temblores alimentó el rechazo de comunidades locales, organizaciones ambientales y diversos sectores de la sociedad. Mientras la industria defendía los beneficios económicos de la explotación de gas, los residentes expresaban inquietud por la seguridad de sus hogares y por los riesgos que aún no se comprendían completamente.

Ante la creciente presión social y la incertidumbre científica sobre la capacidad de predecir estos eventos sísmicos, el gobierno británico decidió imponer una moratoria al fracking en Inglaterra. Lancashire pasó así a la historia como uno de los pocos lugares donde la preocupación de una comunidad contribuyó directamente a cambiar la política energética de un país. Ambrose, J. (2019, 1 de noviembre). Fracking halted England in major government U-turn. The Guardian. https://www.theguardian.com/environment/2019/nov/02/fracking-banned-in-uk-as-government-makesmajor-u-turn

5. Vaca Muerta, Neuquén (Argentina, 2026): “La riqueza que deja preguntas sobre la superficie”

Vaca Muerta alberga una de las mayores reservas de petróleo y gas no convencional del mundo y se ha convertido en una de las grandes apuestas económicas de Argentina. Sin embargo, mientras la extracción de hidrocarburos avanza, también crecen las preocupaciones sobre los impactos ambientales que deja esta actividad.

En junio de 2026, una investigación de El País documentó la acumulación de enormes cantidades de residuos derivados del fracking en la provincia de Neuquén. Según el reportaje, montañas de desechos industriales se han acumulado durante años, generando preocupación entre comunidades locales y organizaciones ambientales por sus posibles efectos sobre el suelo, el aire y los recursos hídricos. El caso de Vaca Muerta refleja uno de los mayores desafíos de la explotación no convencional: cómo aprovechar una fuente de riqueza energética sin trasladar los costos ambientales a las comunidades que habitan el territorio. Más allá de las cifras de inversión y producción, la discusión sigue girando alrededor de una pregunta fundamental: ¿qué legado quedará cuando termine la extracción? Fuente: Moreno, A. (2026, 4 de junio). Montañas de residuos del fracking se acumulan y contaminan el ambiente en Argentina. El País América Futura. 

Los cinco casos revisados, no ocurrieron en países sin capacidad técnica ni institucional, se desarrollaron en Estados Unidos, Reino Unido y Argentina, contextos con experiencia científica y regulación ambiental. Aun así, en todos ellos el fracking ha estado asociado a debates prolongados sobre agua, sismicidad, residuos y confianza pública. Más allá de las diferencias entre cada caso, se repite una idea, cuando los impactos aparecen, suelen ser complejos de anticipar y difíciles de gestionar sin consecuencias para las comunidades cercanas.

En Colombia, este panorama obliga a abordar el debate con especial cautela. En un país caracterizado por su inmensa riqueza hídrica, biodiversidad y desafíos históricos en control ambiental y transparencia, las decisiones sobre el subsuelo trascienden lo técnico o económico; son estructurales. Por eso, el fracking no es únicamente una discusión energética, es una definición sobre el tipo de país que se quiere construir y el nivel de riesgo que se está dispuesto a asumir a largo plazo.

En las próximas elecciones del 21 de junio de 2026, la ciudadanía se enfrenta a una decisión que marcará el presente y el futuro. El dilema radica entre permitir el regreso de una derecha con tintes extremos y aliada con dinámicas multinacionales que amenazan los recursos naturales, o dar continuidad a las políticas de transición energética actuales. Si bien estas últimas tal vez no han sido las óptimas, representan un cambio que no podemos frenar. Detener la transición energética significaría poner en riesgo la vida misma de los colombianos y la estabilidad de la Madre Tierra.

Nota editorial: Los artículos de opinión publicados en este espacio expresan exclusivamente el pensamiento y las valoraciones personales de sus autores. En consecuencia, su contenido no compromete ni representa la posición institucional del Sindicato de Trabajadores de la Gobernación de Nariño – SINTRAGOBERNAR o sus afiliados, ni del diario sindical SOMOS Sintragobernar.