DOS HISTORIAS MIGAJERAS

DOS HISTORIAS MIGAJERAS.

En la historia de las migajas hay casos de casos. Uno de los más llamativos es el de los pintores mexicanos Frida Khalo, exponente del surrealismo y  Diego Rivera, muralista socialista, ambos máximos representantes del arte latinomericano.

Kahlo y Rivera fueron esposos, casados dos veces mediando un breve divorcio entre sus dos matrimonios, mismo que ocurrió a petición de él. Frida, le soportó todo a Diego, incluso,  la dolorosa traición de este con su propia hermana Cristina, relación que sostuvieron durante años. Por su parte, Rivera también soportó la vida promiscua de su esposa, que no distinguía entre amantes hombres y mujeres.

Pero el momento más bajo de estos personajes, con total con seguridad, fue cuando Frida le pidió a la bellísima actriz María Félix a través de una carta adornada  con motivos mexicanos y palomas dibujados de su propia mano, que acepte casarse con su esposo Diego, pues él estaba obsesionado con ella y quería darle gusto con ese anhelo.

María Félix no sentía ninguna atracción por el pintor,  muy poco agraciado como ella lo expresaba,  un gigante con facciones de rana, un verdadero sapo, a tal punto que él mismo se dibujaba de esa manera en  las misivas dirigidas a la reina del cine de oro mexicano.

Pese a la amistad entre los tres, la diva le dio un duro trato al par de migajeros, pues no solo rechazó su  petición sino que a él lo despreció públicamente.   El hecho fue el siguiente: Rivera retrató sensualmente a su amada María Félix y le regaló la obra de gran formato y valor pero ella odió la pintura al instante  y con ayuda de un albañil la modificó con brocha y pintura blanca, cubriendo una transparencia en el busto, para posteriormente venderla por un precio ridículamente bajo.

Años después, en una entrevista sobre ese episodio, “La Doña” como se conoce a María Félix  confesó qua nunca le gustaron las pinturas de Rivera y sobre él agregó “Se me echaba encima como la miseria sobre los pobres”.

Kahlo y Rivera no pudieron arrastrarse más en la vida porque les faltó piso.

Colombia no se queda atrás en la migajería de alto nivel, pero esta vez la historia se da en el ámbito político.  En la semana pasada, Paloma Valencia protagonizó una arrastrada como pocas se han visto,  con Sergio Fajardo que fue la delicia para las redes sociales y aún los medios tradicionales.

Con la invitación a un café en el abrasador calor de Barranquilla, Paloma le rogó a Fajardo una cita para una eventual adhesión a su campaña presidencial. Fajardo aceptó el encuentro con la mujer que lo elogiaba públicamente.  

El gran desacierto de Paloma, en realidad no fue migajearle votos a Fajardo, sino ponerse de rogona con un galán electoral que no supera al margen de error de las encuestas.

Cualquier novato en el arte del migajeo sabe que las mejores partículas provienen de platos abundantes, pero jamás de un dos por ciento de intención de voto que tiene Fajardo. Una cosa es migajear y otra lamer la loza.

Fajardo no sólo la rechazó delante de todo el país, sino que disfrutó humillándola  con toda suerte de andanadas en una conversación en la que él manoteaba, explicando que Duque fue un pésimo presidente por no entender las grandes necesidades sociales del país, y aceptando que Petro había hecho visible a las clases populares que hoy han entendido que pueden elegir presidente.

También le dijo que el uribismo representa la violencia y que jamás aceptaría trabajar con los personajes políticos que la rodean, la rotuló  de “cargamaletas” de Abelardo y  ni siquiera eso, porque ahora estaban peleados y hasta él la rechazaba. Un verdadero show.

Casi que es seguro que “Tu tanta falta de querer” temazo migajero de Mon Lafert, replicaba en la cabeza de Paloma, incrédula de que todo hubiera salido tan pero tan mal y que Fajardo le diera semejante trato.

Superando todas las barreras de lo ridículo, Paloma pagó el café tibio y amargo que tuvo que tragarse, su fórmula vicepresidencial Oviedo aplaudió  a Fajardo, ella lo abrazó  y terminó agradeciéndole la oportunidad o lo que sea que se pueda denominar ese encuentro.

Hoy, el uribismo, otrora una fuerza política sólida, representa al partido migajero por excelencia, una agremiación que no sólo ha perdido gran parte de sus bases populares, que han migrado hacia otras corrientes políticas, incluso el petrismo, sino que a grandes tajadas pierde la dignidad política que puede recomponerlo a futuro.

La mecánica básica en arte latino de migajear en cualquier escenario, sea sentimental o político,  exige respetar uno de sus principios fundamentales: todo tiene un límite.

Hay niveles de niveles. A Paloma también le falto piso para el arrastre.

Nota editorial: Los artículos de opinión publicados en este espacio expresan exclusivamente el pensamiento y las valoraciones personales de sus autores. En consecuencia, su contenido no compromete ni representa la posición institucional del Sindicato de Trabajadores de la Gobernación de Nariño – SINTRAGOBERNAR o sus afiliados, ni del diario sindical SOMOS Sintragobernar.